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UNA APROXIMACIÓN AL CONCEPTO DE CIUDADANÍA EN EL CONTEXTO DE LA CIBERCULTURA

cibercultura

EJE: Internet y el ejercicio de la ciudadanía

Leonardo Andrés Urrego C.
Viviana Vargas G.

“El internet es la primera cosa que la humanidad ha construido y que la humanidad no comprende, es el mayor experimento anarquista que hemos tenido nunca”.
Erick Smith

El término "cibercultura" es utilizado por diversos autores para agrupar una serie de fenómenos culturales contemporáneos ligados principal, aunque no únicamente, al profundo impacto que han venido ejerciendo las tecnologías digitales de la información y la comunicación sobre aspectos tales como la realidad, el espacio, el tiempo, el hombre mismo y sus relaciones sociales. La cibercultura indagaría los efectos de las tecnologías desde la invención del libro, pasando por la invención de la televisión, hasta el ciberespacio, teniendo en cuenta la realidad virtual, el Internet y la biomecánica en las diversas esferas del ser humano.

Es pues cibercultura, el neologismo que expresa la vivencia del sistema, siempre humana, siempre dada en el hombre, siempre natural y existente. No es nada nuevo, sólo gritamos eureka porque podemos decir y entender, re-flexionar sobre nuestra vivencia cibercultural; hoy tenemos conciencia del fenómeno y por eso no resulta nada sorprendente, corolario o anexo al mundo humano, no resulta novedoso hablar de lo que significan las relaciones de control y comunicación, la cibercultura solamente es una categoría incorporada para entender este fenómeno que, como se sostiene hasta el cansancio, ha acompañado la historia humana.

En síntesis, podemos aseverar que la cibercultura es un espacio de reflexión, de disertación, de confrontación, donde se analizan las implicaciones que tiene los avances de la ciencia y la tecnología en el  ser humano. No solamente los avances arrojados por la Internet, sino desde la imprenta, hasta el uso del celular.

El hombre es  definido  de muchas formas: como animal racional, animal político, animal social, animal simbólico, ser capaz de producir símbolos, de crear convenciones, íconos. Es el lenguaje: una herramienta con la cual el ser humano ha logrado construir y dar sentido a su mundo, a su realidad. El hombre como animal simbólico se desprende del hombre como animal cultural: como un ser que  cultiva, crea, siembra, produce. Es la cultura un cúmulo de creaciones humanas, un cuerpo de expresión, de vida, de sentimiento, de interacción.

educacionEl desarrollo de la llamada sociedad del conocimiento o de la información, ha implicado la aparición de varios servicios que abarcan diversos ámbitos como la educación, la comunicación, el trabajo, el ocio, la economía, entre otros (Ver también 4 beneficios de la tecnología en la educación). Esto se ha dado de manera simultánea con usos de las tecnologías en lo político y social. Así pues, las entidades públicas han comenzado a utilizar entornos virtuales para la oferta de servicios, se asume entonces que se es ciudadano digital en la medida en que se ejercen deberes y derechos a través de este tipo de mediaciones de manera recíproca y en aras de la construcción de un capital social.

No obstante lo anterior, el concepto de ciudadanía digital trasciende este ejercicio y se sitúa en la reflexión frente al papel del ciudadano desde su mirada como persona. Cabe entonces hacernos estas dos preguntas: ¿El espacio virtual estrecha o ensancha las brechas entre los países?,  ¿da lugar a nuevas formas de integración entre ciudadanos y a un uso más simétrico de la información disponible a escala mundial?

tecnologia de la informacionEs cierto que la cibercultura disminuye el aislamiento de los pobres (Leer también Educación en línea: un método didáctico que potenciará tu actividad docente y reducirá las barreras entre el sector público y el privado). Mas, por ahora, un quinto de la población mundial— aquel que vive en los países de menor desarrollo—sólo posee el 1,5% de las líneas telefónicas a nivel global, mientras el 20% más rico controla el 74% de ellas. Toda África tiene menos líneas telefónicas que la ciudad de Tokio.

Es cierto también que los países del Sur hacen enormes esfuerzos por mejorar su educación, frecuentemente en medio de grandes dificultades. Pero aun así, todavía los países industrializados —que reúnen al 25% de los alumnos a nivel global— gastan 6 veces más en formación de capital humano que los países en desarrollo, donde vive el 75% de los alumnos del mundo.

Sin embargo, de acuerdo con la ONU, las naciones avanzadas, donde habita el 15% de la población mundial, reúnen al 88% de los usuarios de Internet. En América Latina y el Caribe, por el contrario, sólo un 0,2% de la población accede a la Red,  e incluso allí donde más se ha avanzado en la conexión de los colegios a Internet, las computadoras son escasas y se encuentran en una sala especialmente dedicada, mientras los Estados Unidos y los países de Europa Occidental se dirigen a toda velocidad hacia la meta de conectar cada una de las salas de clases de todos sus establecimientos escolares.

Por otro lado, aquella parte de la población mundial sin acceso a la lengua franca de nuestra época—el inglés—, que equivale al 99% de la población mundial, se encuentra en clara desventaja; prácticamente el 80% de los sitios de la WWW emplea ese influyente idioma, lo cual transforma la cultura global en un hogar para  un idioma.

era digitalEn suma, la ciber-ciudadanía es un horizonte global de posibilidades cuyas potencialidades, sin embargo, se encuentran distribuidas muy desigualmente. Los usuarios de Internet representan sólo un esquelético 2,4% de la población a nivel mundial según el último Informe de Desarrollo Humano del UNDP (2014). De hecho, "dentro de cada región, sólo la punta de las sociedades nacionales han ingresado a la era digital. ¿Qué caracteriza a esas minorías y las separa del resto? Que en el presente el acceso a Internet corre paralelo a las líneas que dividen a las sociedades nacionales, oponiendo a educados y analfabetos, a hombres y mujeres, a ricos y pobres, a jóvenes de viejos y urbanos de rurales".

Dicho en otras palabras: para que el mundo globalmente alcance el mismo nivel actual de desarrollo de su infraestructura de información que existe en los 9 países más avanzados—que se encuentran en Norte América y Escandinavia—, sería necesario multiplicar 13 veces el acceso a Internet, crear mil millones de páginas electrónicas nuevas, elevar cuatro veces el número de receptores de televisión y por cinco el número de líneas telefónicas.

Mientras eso no ocurra seguiremos viviendo en un mundo bifurcado, esto es, un mundo social espacial y culturalmente polarizado entre "grupos y funciones que agregan un alto valor, por un lado y, por el otro, grupos y funciones devaluados y espacios deteriorados. Esta polarización conduce a una creciente integración del núcleo social y espacial del sistema mundial, al mismo tiempo que fragmenta a los espacios y grupos devaluados, amenazándolos con una completa irrelevancia social". (Gross, 2010).

Podría decirse que todo lo global y ciber (carreteras de información, conexiones de Red, comunidades virtuales, hipertexto, escuelas conectadas, división del trabajo internacional y todo lo demás) sigue esa misma ley de la polarización. En vez de una nueva conciencia global e interconectada lo que existe por ahora es una conciencia dividida; en vez de una tendencia convergente hacia la sincronía en el ciberespacio, lo que hay es un espacio que funciona a la velocidad de la luz y otro donde el ritmo de la vida sigue apegado a la carreta o el ferrocarril.

Paradójicamente podría ser que América Latina esté bien preparada para vivir en medio de esos contrastes temporales y espaciales. En efecto, su propia cultura ha debido acostumbrarse a acomodar muy diversos mundos simbólicos y diferentes matrices tecnológicas a lo largo de su evolución. Quizá por eso también su literatura se hizo famosa al difundir por el mundo la particular noción del realismo mágico, que justamente corresponde a un mundo donde se combinan dioses indígenas con informatización, analfabetismo con televisión y comunidades ancestrales con visiones utópicas de redención social. Como si aquí, en ésta, "la más transparente", todo tuviera que subsistir y coexistir, especialmente el pasado más arcaico con los sueños alucinados sobre el futuro.

Hoy nos vemos lanzados a la globalización, a la revolución de la información, a la posmodernidad y a la cibercultura. Estamos obligados por lo mismo, como hace quinientos años cuando llegaron los españoles a nuestras costas, a transformarnos e ingresar a la aldea global. Pero a diferencia de los pueblos que van rápido porque todos los vientos corren a su favor, nosotros llegamos mal preparados al encuentro del futuro y remamos contra la corriente.

De allí también la necesidad de que la parte desarrollada del mundo no se deje llevar por un espejismo —confundiendo su propia imagen con la del mundo entero— y se disponga más bien a cooperar con el resto para que así un día haya igualdad de oportunidades y la brecha no sea tan amplia.

La tarea es difícil pero no imposible. En primer lugar hay que tener en cuenta que las multinacionales se han convertido en verdaderas máquinas de seducir. No sólo disponen de importantes recursos financieros para publicidad y marketing, sino que además controlan el accionariado de los principales medios de comunicación.

Sin embargo cuentan con un punto débil sobre el que todavía no se ha reflexionado lo suficiente. Sus ingresos provienen de los consumidores. Somos nosotros quienes decidimos en última instancia qué productos tienen éxito y cuáles no. ¿Qué pasaría si los ciudadanos empleásemos las nuevas tecnologías para organizar grupos de presión? ¿Por qué no demandar a las multinacionales un comportamiento ético?. Ha llegado el momento de reivindicar el consumo "concienciado". Hay que preguntarse qué hay detrás de campañas como "Piensa diferente", "Conecting People" o "Sabemos lo que te gusta". O las famosas urnas virtuales ¿Explotan estas empresas a sus trabajadores?, ¿pagan igual a hombres que a mujeres?, ¿contaminan?, ¿destinan parte de sus beneficios a proyectos de ayuda al Tercer Mundo?, ¿evaden impuestos?, ¿tratan correctamente los datos que obtienen de los consumidores?, ¿tienen programas de apoyo a las minorías raciales?.

Hay que decirles a los expertos de marketing que el nuevo consumidor demanda ética, no estética. Que no le van a engañar con seductores spots de TV, caras guapas, colores fosforescentes o la cancioncilla de moda. Que a partir de ahora exige algo más. Y si algo puede aportar la cibercultura a este movimiento es su "saber hacer" para organizar redes de ciudadanos.

Una de las ventajas de Internet es que favorece notablemente la conspiración. Ahora, gracias a "La Red", se puede conspirar cómodamente desde la oficina o el salón de casa contra la multinacional de turno, el político corrupto o la institución pertinente... Una actividad, por cierto, muchísimo más interesante para el ciudadano medio que ver la televisión. En este sentido es importante señalar el éxito del movimiento pro-Tarifa Plana en España o el de la cumbre anti-globalización de Seattle. Dos movimientos de protesta que se han fraguado en y gracias a Internet.

nuevas tecnologiasCualquiera sea el nombre que se imponga, lo cierto es que los síntomas de lo que será muy pronto la consolidación de un modo distinto de ver y hacer las cosas, están en marcha. Y entre esos síntomas se destaca una apuesta por la usanza extendida de lo que aquí llamaremos las nuevas tecnologías de la información y la comunicación (NTIC), cuyo paradigma es la red de Internet. Alrededor del uso de las NTIC se está produciendo una galopante carrera de productos, utilidades, racionalidades, reglas de juego, costumbres y valores, que algunos autores disponen bajo el nombre de “cibercultura”. En efecto, la digitalización de contenidos de todo tipo: textos, imágenes, sonidos, sumada a nuevas formas de entrega basadas en estructuras de hipertexto (Internet), al fortalecimiento y extensión de las tecnologías que permiten la interactividad (la interacción humana mediada por computadoras), y a las posibilidades de conexión —no sólo de la información sino de las personas mismas—, configuran las condiciones para el desarrollo de toda una forma de pensar-vivir que empieza a distinguirse dramáticamente de las maneras tradicionales y asentadas por la llamada sociedad moderna. Algunos autores han agrupado este conjunto de características bajo el término “lo virtual”, con el cual expresan y promueven la visibilidad de una de las peculiaridades del ser que hasta ahora parecía supeditada, sino relegada, por el poder de lo real. Visibilidad que se ha hecho posible precisamente por el auge de las NTIC.

LOS RETOS. Nuestro reto empieza a ser otro. Con las TICS hemos conseguido poder vivir como queramos (Ver también Información virtual a través de soluciones tecnológicas que harán de tus preocupaciones un asunto del pasado), pero las TICS no nos orientan sobre cómo queremos vivir. También por las NTICS se está comenzando a invertir nuestra relación con la naturaleza. Empieza a ser la propia naturaleza la que está en peligro por la evolución de nuestras NTICS. Se impone la cultura de lo desechable. Ahora es la naturaleza la que tiene que sobrevivir frente a los seres humanos y sus NTICS. Incluso, el único peligro cierto que amenaza la supervivencia de la especie humana es ella misma, es decir, el uso que haga de sus poderes técnicos. Y para ello, para sobrevivir a nosotros mismos y a nuestras invenciones, no podemos contar con el concurso de otras técnicas. Porque este no es un problema de saberes o de técnicas sino un problema de actitudes y de valores.

La construcción de una sociedad democrática y justa desde la educación nos humaniza porque sólo nosotros podemos hacerla y porque sólo en ella podemos ser verdaderamente humanos. Esa necesidad de la democratización social es, además, el reconocimiento de algo que también afecta a la ciencia y a la tecnología, que los seres humanos tenemos diversas opiniones, diversos valores y diversos intereses. Por ello, el futuro social, como el de las NTICS, no debe ser el fruto de supuestos conocimientos verdaderos o eventuales técnicas eficaces, sino el de la negociación y el consenso entre planteamientos valorativos en los que se reconoce la legitimidad del desacuerdo.

No dejemos, que la ciberciudadanía, se erija como un espacio exclusivo de los que ostentan el poder, sino que desde la barriada, de los internet comunales o desde el colegio abramos la posibilidad de encontrarnos, de unirnos, desde la misma red, difundir ideas que humanicen, y no que excluyan, como hacen los zapatistas y otras ONGs en Latinoamérica, porque así como tiene desventajas, también tiene fortalezas, y una de ellas es que nos podemos conectar con el mundo e impulsar proyectos de concientización.

Si deseas inicir tu proyecto de conectividad interno a través de las TICs en tu colegio o institución educativa, consúltanos aquí que estamos dispuestos a asesorarte con nuestro conocimiento y a través de nuestras soluciones tecnológicas.

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